lunes, 19 de enero de 2015

Busco a mi hijo, busco a mi hermano

Una mujer tuvo gemelos en Cádiz en 1965, le dijeron que uno había muerto pero ella sostiene que se lo quitaron y que está vivo Dos pistas conducen a la zona de Algeciras
T.R. CÁDIZ | ACTUALIZADO 18.01.2015 - 05:01
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Antonio Bustelo, hijo de Rosario Acevedo, en una imagen reciente.
El otro día vi a tu hijo en la feria de Algeciras, le dijo una amiga el pasado verano a Rosario. Lo saludé, lo llamé: Antonio... Pero no se paró, no me echó cuenta. No sé, fue muy raro.

A Rosario le dio un vuelco el corazón. En Algeciras, precisamente en Algeciras, pensó mientras su mente viajaba al recuerdo preciso de otro encuentro y, al tiempo, acudían a su boca las palabras que desmentían a su amiga. Todo a la vez.

No era mi hijo Antonio, le explicó Rosario a su amiga. Antonio está trabajando en Francia, vive allí desde hace dos años, y no está por aquí ni mucho menos ha estado en la feria de Algeciras. Tú has visto al hermano de Antonio, a su hermano gemelo, al que me dijeron que murió a los pocos días de nacer.

El 27 de marzo de 1965, Rosario Acevedo, vecina de la capital gaditana, dio a luz en Cádiz, en la entonces Residencia Zamacola y hoy Hospital Universitario Puerta del Mar, a dos gemelos. Han pasado casi 50 años y sigue pensando lo mismo que entonces: que le robaron a uno de los niños, que ese niño fue entregado o vendido a una familia con la que se crió y que ese hombre que está a punto de entrar en la cincuentena, ese hermano gemelo de su hijo Antonio, ese hijo suyo del que nunca se ha olvidado, anda por ahí sin saber que su madre biológica lo está buscando.

Precisamente en Algeciras, pensó Rosario cuando su amiga le relató el encuentro en la feria, porque en ese momento recordó lo que muchos años atrás le contó su propio hijo Antonio. Recordó que eran días de Carnaval y que Antonio llegó a casa y le comentó que le había sucedido algo extraño. Se ha acercado a mí un joven en la calle, le dijo su hijo Antonio, y me ha saludado efusivamente pero me llamaba por otro nombre y yo no lo conocía de nada, nunca lo había visto. Pero al reaccionar yo así, ese joven me ha dicho que él era de Algeciras y que cómo no lo iba yo a conocer si habíamos estudiado juntos. Se puso tan pesado que tuve que enseñarle mi carné de identidad para que se convenciese de que no me llamó como él decía, que yo me llamo Antonio.

En junio de 2010, Rosario Acevedo relató en este periódico cómo y por qué estaba convencida de que le robaron a uno de los dos gemelos que tuvo en Zamacola. "En mi corazón sé que está vivo", le dijo Rosario a la periodista que la entrevistó entonces. Sigue diciendo lo mismo. Lo que ocurrió el pasado verano en la feria de Algeciras la reafirma en ese convencimiento.

Desde Chiclana, donde reside desde hace unos años, vuelve a rememorar lo que le sucedió en 1965, su versión. Ella tenía entonces 18 años. Tras dar a luz a unos gemelos (a Antonio, que pesó 1,7 kilos, y a José, de 2,7 kilos) ya le pareció raro que sólo le llevaban a uno a que le diese el pecho. Le decían que al otro ya lo alimentaban con biberón, con leche que le sacaban a ella. Todo empezó así a ser inquietante. Pasaban los días y Rosario se preguntaba por qué continuaba ella en el hospital; otras mujeres se iban enseguida con sus bebés.

Ocho días después le anunciaron que ya podía irse a casa pero con Antonio, con el gemelo que había nacido con menos peso. ¿Y el otro? ¿Y José, el de 2,7 kilos? Una enfermera le explicó que al otro niño aún tenía que examinarlo el médico antes de llevárselo, que volviese al día siguiente a por él. Rosario respondió entonces que ella no se iba del hospital sin ver a su otro hijo. Trataron de convencerla, pero ella se quedó allí, firme en su decisión. Entonces una enfermera, displicente y de malas maneras, abrió la puerta de un cuarto (un vestuario de enfermería, por lo que recuerda que alcanzó a ver), sacó de allí al niño, se lo enseñó a Rosario y le repitió la historia de que había que llevarlo al médico. Pero si se le ve bien sano,¿para qué tiene que verlo el médico?, opuso Rosario. Está muy sano, admitió la enfermera, no se preocupe. Se trata únicamente de que el médico le dé el visto bueno antes de que salga. Mañana mismo viene usted y se lo lleva.

No lo vio más. Cuando Rosario llegó a su casa, su marido le dijo que había recibido una llamada telefónica desde Zamacola. Me han dicho que nuestro otro hijo ha muerto. Pero cómo va a ser eso, le respondió incrédula Rosario. Si lo acabo de ver y estaba perfectamente. El marido de Rosario acudió luego a la residencia y allí le mostraron un bebé muerto y le dijeron que ellos se hacían cargo de enterrarlo y de los trámites oportunos.

Rosario no creyó en ningún momento que fuese verdad que su hijo había muerto. Acudió a la Policía a denunciar lo ocurrido, a contar cómo la habían engañado y lo sospechoso que era todo lo que le había sucedido. Pero los policías se reían de ella, la tomaban por loca, y hasta le llegaron a decir que si no se iba de allí la iban a encerrar. No le hicieron ni caso. Y puede que le suene raro a alguien ese comportamiento (gracias al triunfo de la desmemoria y a tantos años de ausencia de un relato sobre cómo fueron las cosas realmente durante toda la dictadura franquista) pero en 1965 no había derechos y la Policía despachaba con prepotencia y malos modos a cualquiera que no fuese alguien.

Rosario también se pasó por Zamacola a pedir explicaciones. Y siempre encontró las mismas. El niño se murió, le dijeron. Es que tú no lo aceptas. No consiguió nada hasta muchos años después, cuando pudo empezar a recopilar documentación que, lejos de ahuyentar su convencimiento de que le habían robado a su hijo, le ayudó a reafirmarse en que su historia era real, que no lo había soñado, que no se había confundido. Halló así fechas que no cuadran, registros con datos que no coinciden con otros. Finalmente, halló trabas a su intento de comprobar en el cementerio si allí están los restos de su hijo o bien, por el contrario, otro indicio de que le fue robado.

Hace unos años, Rosario acudió a la Fiscalía de Cádiz a relatar su caso. Pero ahora explica que no sabe nada, que desconoce en qué quedó aquello, que nadie le ha comunicado qué pasos se han dado ni hacia dónde han conducido.

El encuentro del pasado verano de su amiga en la feria de Algeciras le ha traído de nuevo la esperanza. Su hijo Antonio tiene colgado un vídeo en Youtube. Ante la cámara, él mismo explica que está buscando a su hermano gemelo (videollamamiento Antonio Bustelo). Y Rosario confía ahora en que alguien vea el vídeo o la foto de Antonio en este reportaje y reconozca al otro, al gemelo. A ese hombre que ella espera poder abrazar un día porque está convencida de que su bebé no murió en 1965 en Cádiz, en la Residencia Zamacola.
PINCHA AQUI PARA VER EL VIDEOLLAMAMIENTO DE ANTONIO BUSCANDO A SU HERMANO GEMELO: https://www.youtube.com/watch?v=eWIcuc-qC1E
PINCHA AQUI PARA VER EL PRIMER ARTICULO DE PRENSA DE ROSARIO ACEVEDO BUCANDO A SU HIJO EN JUNIO DEL 2010 "EN MI CORAZON SE QUE ESTA VIVO" http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/715080/mi/corazon/se/esta/vivo.html


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